Todos estamos conectados unos con otros, y Haiti es una parte de nuestro cuerpo cósmico.

enero 20, 2010

Todos estamos conectados unos a otros; esa es la la realidad. Una tragedia como la de Haiti donde tanta gente muere, sufre y lucha por sobrevivir lleva una parte de nuestro espíritu-mente colectivo a aquel lugar, nunca antes visitado por los pies, pero que ahora conocemos con el corazón que ha volado tantas veces allí desde que se produjo el terremoto. Todos esos anuncios y noticias sobre la catástrofe y las desgracias que se suceden en Haiti nos hacen sentir culpables, incluso después de haber donado lo que podemos, porque quisiéramos hacer más; quisiéramos haber podido evitar la catástrofe, especialmente cuando sabemos de qué manera completamente consciente y deliberada se produjo este terremoto a todas luces causado, como muchas otras catástrofes, por tecnología HAARP.

Lo ” sabíamos ” ya antes de tener la certeza y las pruebas y los indicios y la clara definición de la estrategia premeditada. Lo ” sabiamos ” porque nuestro cuerpo conectado a la isla nunca antes visitada nos alertó de que la Tierra, y sus leyes naturales, no eran quienes se cebaban con un pueblo pobre, miserable y arrasado por la desgracia durante tantos años. Ni la Tierra, madre cariñosa, generosa y adorable, ni Dios tienen esas ” manazas ” desconsideradas y odiosas que nos permiten intuir desde lejos la mano del Hombre; ¿del hombre? ¿o del monstruo en que se ha convertido algún que otro hombre?. La Tierra avisa y avisa con tiempo porque nos ama más de lo que podemos imaginar.

Viajar a Haiti todos en tropel, algo ya dificil de lograr, no ayudaría mucho porque no sólo se requiere llevar ayuda, sino también limpiar el terrible destrozo, evitar pandemias, llevar agua que sea suficiente para todos. Sin embargo, sí podemos hacer algo maravilloso desde cualquier lugar del mundo y del universo. Podemos llevar nuestro amor infinito desde donde estemos para que la desesperación no se extienda y quién pueda vivir, viva. Podemos llevar oraciones desde nuestro corazón conectado directamente a la isla nunca antes visitada para que aquella gente pueda reponerse pronto con el amor de los demás y pueda construir algo parecido a un futuro. Podemos intentar llevar nuestro deseo de paz y amor auténticos para que los invasores no tengan lugar alguno donde quedarse, ni donde esconderse, ni en la isla nunca antes visitada, ni en ningún lugar de este planeta.

Que se vayan. Que se vayan. Que perezcan. Que desaparezcan. Que vuelvan al agujero del tiempo y odio del que esa basura salió y que jamás puedan encontrar un soplo de aire en esta Tierra que les permita seguir vivos.

Ese es mi deseo para Haiti y su gente.